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SYMPOSIUM INTERNACIONAL DE BIOÉTICA "A LOS CINCO AÑOS DEL EVANGELIUM VITAE"
Presentación
del Congreso
La capacidad de dominio del mundo biológico por parte del
hombre a partir de la segunda mitad del siglo XX, y su amplia y profunda
incidencia social ha creado, además de muchas ventajas, incertidumbres
y miedos sobre el destino de la persona humana.
Hay que tener en cuenta que el mismo hombre forma parte del mundo
biológico, y la reflexión sobre la necesidad de que
ese dominio no se vuelva en su contra es precisamente uno de los factores
que despiertan su interés por regular su comportamiento.
Es ésta una de las causas por la que se va desarrollando paralelamente
a la ciencia y a la técnica una nueva materia: la Bioética.
Su núcleo conceptual es la necesidad de que la ciencia biológica
se plantee preguntas éticas, de que el hombre se interrogue
sobre la relevancia moral de su intervención sobre la vida.
Existen diversas acepciones del término Bioética. En
la Universidad Católica de Murcia, respetando la diversidad
de otras tendencias, se aboga por la Bioética que tiene como
punto de referencia el valor de la vida humana como bien primario
y fundamental, como la fuente de los derechos humanos y del orden
social. Esta afirmación no se contradice con la constante búsqueda
de las garantías sociales, legales, científicas y culturales,
pero precisamente para que la persona mantenga su centralidad, sin
destruir la tradición y sin obstruir el futuro.
La investigación, el avance científico y tecnológico,
con sus ambivalencias, debe tener un rostro humano pues por grandes
que sean las expectativas científicas, mayores lo son las del
pensamiento y el corazón del hombre. Desde esta perspectiva,
la Bioética intenta que no se desvirtúe el significado
de la realidad natural y humana ni que se solapen y confundan aspectos
legales, morales, políticos, económicos y científicos.
No puede por ello concebirse como una confrontación de opiniones
y posiciones éticas adoptadas en un momento determinado por
la sociedad, sino que ha de desarrollarse con una fundamentación
antropológica y ética, de modo que el objetivo no sea
simplemente saber en qué consiste ser bueno, sino en serlo
¿De qué sirve todo lo que se conoce si se renuncia a
preguntarse qué se puede esperar?
Lo verdaderamente profesional implica la generosidad intelectual,
la visión universal, el trabajo profundo, esforzado y oculto.
La Bioética personalista va por esa línea convencida
de que los grandes problemas nunca están resueltos de una vez
por todas pero impregnada de esa sabiduría combinatoria en
la que se integra la diversidad del saber con la unidad esencial de
lo humano.
Muy bellamente lo expresó en la ONU, el 5-X-95, nuestro queridísimo
Papa Juan Pablo II, animando a no tener miedo ni al futuro ni al hombre,
pues podemos construir para este tercer milenio una civilización
digna de la persona humana...., y haciéndolo, podremos darnos
cuenta de que las lágrimas de este siglo XX, tan lleno de ambigüedades,
han preparado el terreno para una nueva primavera del espíritu
humano.
Nuestra Universidad, con este Simposio Internacional de Bioética,
espera contribuir a estas importantes metas, con un reto de confianza
en el hombre del siglo XXI, en su capacidad para la humildad intelectual
y moral, en su capacidad para la tolerancia y la flexibilidad e incluso
para su habilidad negociadora, en su temple bioético.
Gloria María Tomás y Garrido
Coordinadora del Congreso
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