La Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, en la que están incluidas las Licenciaturas de Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas cumple en este curso su noveno año de funcionamiento con la que será la cuarta promoción de periodistas, productores realizadores o publicistas de la UCAM. Una profesión demasiado controvertida, no sólo por el peso y la trascendencia social de su ejercicio sino por la velocidad de su mutación que tiende ya a convertir a quienes la ejercen en la actualidad, en algo terminológicamente tan sofisticado como cibercomunicadores o en comunicadores multiuso.
Es objeto de estas líneas de presentación intentar esbozar una descripción de esta profesión de comunicador que inicie a quien tenga a bien leerlas en lo que será su tarea a lo largo de su vida profesional. Puede resultar sorprendente que ese conspicuo liberal que era Salvador de Madariaga describiera en los albores del siglo pasado esta profesión como una profesión cerrada y técnica. Quienes ejerzan esta profesión en una democracia moderna, escribió Madariaga, han de ser especialistas, bien preparados desde luego, en cuanto a rapidez y actividad, pero también en cuanto a juicio, responsabilidad y sentido de la proporción. Es punto esencial para una democracia que los hombres que la informan, que son por decirlo así, los terminales de los sentidos de la colectividad, sean gentes formadas en lo general y especializadas en cuanto a su ejercicio profesional. Porque esta profesión debería ser una de las más nobles y respetables, como de las más retribuidas, pero también de las exigentes en la colectividad.
Y desde aquí, desde esta descripción casi centenaria hasta hoy, hay poco que añadir.
Quien se dedica a la profesión que habéis elegido es un observador de la realidad: al que se le pide saber organizar su curiosidad, saber comprender lo que está ocurriendo alrededor suyo y saber transmitirlo de forma clara, precisa y contextualizada. No es suficiente con que difunda datos: los ciudadanos quieren y tienen su derecho a conocer el significado de los datos. Y eso exige el conocimiento de la realidad sobre la que se informa y la capacidad intelectual de su interpretación.
Se le exigen conocimientos teóricos intelectuales y destrezas retóricas y técnicas para su fiel comunicación. En ello han de ocuparse los años de permanencia en esta Facultad universitaria. Madariaga hablaba no solo de formación sino también de juicio, responsabilidad y sentido de la proporción que son otros elementos perfectamente extrapolables al ejercicio profesional de hoy. Son los antídotos que combaten las miserias de las que se deja llevar esta profesión en la siniestra procesión de horrores y de errores que suele tentar la comunicación de hoy (la información-espectáculo, la feroz competición de los índices de audiencia, el deslizamiento hacia la narración de las vidas privadas o hacia el consumo de vidas ajenas viviendo de los escándalos, comerciar con el dolor, sesgar el montaje de las imágenes, fabricar publicidad engañosa, sucumbir a la tentación de las verdades a medias o de prefabricar la realidad, o simplemente destrozar el lenguaje etc.,)
Sin embargo, hay otra comunicación que actúa en su legítima tarea de servicio público, de función social, hecha de honradez, de trabajo sin brillo, resistente a las presiones de los intereses políticos o económicos torcidos, manipuladores, sensible a los que carecen de voz, participativa, generosa e interesada en ofrecer precisión. El comunicador deja de utilizar ese lenguaje orweliano que le aleja de ser un observador independiente, actuando crítica pero honestamente, ocupando el puesto de los ojos y de los oídos de la sociedad a la que quiere servir. Es consciente de que con su trabajo puede hacer tanto bien como mal. Ahí radica el meollo, el corazón de su actividad. Quienes enseñan esta profesión en la UCAM están comprometidos y se adhieren a quienes están seguros de que hay un camino inequívoco, directo e inmediato hacia la ética de esta profesión que vais a ejercer: la búsqueda de la verdad, la aproximación a la verdad, la honesta veracidad. Es, sin duda, el principio que llevaría a Albert Camus a calificar esta profesión, como la profesión más bella del hombre.
En esa tarea estamos y con este espíritu recibimos a los nuevos alumnos de Ciencias de la Comunicación que van a compartir con nosotros los años de su formación universitaria. Bienvenidos.
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